Hablemos de… la vieja costumbre de saludar
(Por Leopoldo S. Perales)
14/02/2008
El saludo entre los seres humanos se remonta a las más antiguas civilizaciones de la historia, consiste en un gesto de gracia, un ademán, una palabra, una reverencia, un sonido gutural o el leve roce de una parte de nuestro cuerpo con la persona a quien saludamos.
Podemos considerar El saludo como un gesto de gran trascendencia, porque es el principio de una relación formal. Es un elemento muy importante de la comunicación bilateral para emprender un diálogo sincero, franco, agradable y de cara a cara.
Su finalidad es demostrar a las personas nuestras atenciones, nuestra gentileza, simpatía, educación y cortesía, llevando implícito este mensaje el mejor deseo de que la persona a quien saludamos se encuentre bien o la pase estupendamente.
El saludo es considerado como un lenguaje corporal, Michael P. Britto examina La cultura del saludo y la transformación de las ideas mediante el contacto físico y el lenguaje corporal en su documento “Gimme Five: History of a Handsake” (Choca esos cinco: historia de un saludo).
Así, por ejemplo, con el saludo oral, que podemos considerarlo como el más común, decimos ¡buenos días señor!, ¡buenas tardes señorita!, ¡hola!, ¿como esta usted?, solo por mencionar algunos…
En las antiguas cortes europeas, para saludar a la realeza se hacía una leve inclinación de cabeza y/o una flexión de rodillas.
En España solo es doble el beso en la mejilla.
En algunas culturas se posa una mano sobre el hombro.
En algunas otras el saludo se transforma en un frotamiento de narices.
En occidente, es un hábito social que un simple cruce de manos se transforma en un ejercicio que sirve no sólo para identificar al individuo, sino para reafirmar al grupo social, de tal manera que hay múltiples formas de saludar y éstas cambian no sólo en cada ciudad, o en cada estrato social, sino también de barrio en barrio, de calle en calle…