Hablemos de…
Nepotismo…
Desde el Papa, hasta el zorro que se fue pal rancho…
(Por Leopoldo S. Perales)
La efervescencia política ya ha dado inicio, la lucha por obtener el poder ha comenzado y los diferentes partidos políticos, hacia su interior, tienen la no muy fácil tarea de elegir a su mejor candidato para la próxima contienda electoral.
Esto nos da pie a recordar que el ejercicio del poder conlleva a cometer muchos graves errores, de los que ningún funcionario de cualquier nivel y de cualquier partido ha quedado exento.
Cada ves es mas común que adornemos el nombre de los políticos mexicanos con los calificativos (la mayoría bien ganados) de: Nefasto, corrupto, deshonesto, nepótico, favoritista, traidor, pusilánime, mediocre, inepto, frívolo, déspota, autócrata o autoritario.
El inicio de la lucha por el poder ha comenzado, y si usted es político, elija muy bien como quiere ser recordado…
Uno de los calificativos que a la mayoría de los gobernantes se les atribuye es el de “Nepótico”. La palabra “Nepotismo” proviene del italiano nipote (sobrino), misma que se originó de la raíz indoeuropea nepot que significaba en tiempos remotos nieto o sobrino.
El nepotismo es la preferencia que un gobernante o funcionario público da a los miembros de su familia en la ocupación de los cargos públicos, concesiones estatales o municipales, contratos o en el disfrute de privilegios vinculados a la administración del Estado o el municipio. Es la preferencia exagerada por favorecer a los parientes, especialmente en cargos públicos. Su uso es generalmente negativo. También suele ser definido como “la hierba mala del poder político”.
La palabra nepotismo tiene su origen en las primeras centurias del cristianismo, cuando los Santos Padres (llámense Papas), que no tenían hijos (o no admitían tenerlos), concedían los favores de Estado y los mejores empleos a sus sobrinos, quienes con frecuencia en realidad eran sus hijos ilegítimos. Así pues, en la Edad Media, algunos Papas y obispos católicos criaban sus hijos ilegítimos como “sobrinos” y les daban preferencias, algunos de ellos elevaron a sus parientes a ser cardenales de la iglesia.
Estas técnicas las usaban como una manera de continuar una “dinastía” papal. Por ejemplo, el Papa Calixto III, de la familia Borjia, a dos de sus sobrinos los convirtió en Cardenales; uno de ellos, Rodrigo, usó muy bien esta posición y finalmente llegó a ser pontífice, denominándose Papa Alejandro VI, papá de Los Borgia: César y Lucrecia.
Así también sucedió con el caso de Alejandro I, uno de los Papas más corruptos, que promovió a Alessandro Farnese, el hermano de su esposa para que fuera Cardenal; Farnese llegó a ser el Papa Pablo III. Pablo también no se quedó atrás y practicó el nepotismo al promover como Cardenales a sus dos sobrinos (de catorce y dieciséis años). Esta práctica finalmente culminó cuando el Papa Inocencio XII prohibió en 1692 “el dar cualquier hacienda, oficio, o ingreso a un pariente con la excepción si éste de verdad está calificado para ser hecho Cardenal”.
Según Silvia América López Escoffie, “-Los ordenamientos son un conjunto de normas que señalan reglas de conductas para las personas con la finalidad de garantizar la sana convivencia y la cohesión social. Por ello es importante darle valor aquellas normas jurídicas que persiguen fortalecer el aparato gubernamental y construir relaciones transparentes e imparciales entre éste y la sociedad-“.
El Diccionario de Derecho de Pina Vara define la palabra: Nepotismo. como -Preferencia no justificada razonablemente, otorgada por un gobernante a sus parientes para el desempeño de los cargos o funciones públicas-. Constituye un vicio característico de los regímenes dictatoriales.
En vocabulario de la teoría y práctica políticas, el favorecer, desde el poder político (y religioso,), se clasifica como nepotismo.
El nepotismo mexicano no podemos decir que sea nuevo, “tiene sus raíces hundidas en el tiempo, y han dado frutos a través de los árboles genealógicos”. Los presidentes de la República, practicaron y siguen practicando el favoritismo con sus parientes y al designar herederos al trono sexenal (que es una modalidad nepotista característica de los déspotas, los autócratas y los autoritarios).
Así recordamos a Maximino Avila Camacho controvertido militar y político mexicano, hermano del presidente Manuel Ávila Camacho, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas en el gobierno de su hermano.
Pero concretamente hablando de los ex presidentes que aún viven desde Luis Echeverría hasta Vicente Fox, éstos no han gozado que digamos, de una buena reputación entre los mexicanos, aunque hacia el exterior, algunos insistentemente buscaron erigirse como paladines de la democracia y en supercampeones de las reformas políticas y económicas.
Al final todos los ex presidentes, sin excepción, han sido el centro del escándalo ya sea por su actuación pública, por motivos personales, o por su actitud de apoyo a sus familiares.
Es el caso del nefasto, corrupto y nepótico Luis Echeverría Alvarez quien también hizo alarde de nepotismo con alguno de sus hijos, y que terminó su sexenio totalmente asfixiado por un “populismo trasnochado” y cuatro décadas después aún sigue bajo los reflectores del odio y la crítica popular por aquel inhumano 2 de octubre que nunca hemos de olvidar.
El sinónimo más conocido del nepotismo es: el favoritismo. El cínico Presidente José López Portillo llevó al máximo de la vileza el abuso del poder, cuando, además de favorecer a mas de dos de sus favoritas (una de ellas Rosa Luz Alegría), también le dio el cargo de subsecretario de programación a su hijo José Ramón. Gritando a los cuatro vientos que el tal José Ramón, era “¡el orgullo de su nepotismo!”. Nombrando también a su hermana “la Sor Juana” Margarita, como responsable de la cultura de nuestro país.
Según un connotado periodista, López Portillo convirtió a su gobierno en “una corte palaciega, aristocratizante y rumbosa empeñada en un afán de enriquecerse hasta proporciones de escándalo”. Sus principales características fueron la corrupción, la frivolidad y el nepotismo.
Y así continuamos con Miguel De la Madrid, el caso más patético pues su grisura opacó su porvenir ante la historia.
Carlos Salinas de Gortari con su hermano súper incómodo, cuñados etc., sobresale como el más repudiado y cuestionado, de todos los presidentes que hasta ahora hemos tenido. Salinas De Gortari llegó a autodefinirse como “el villano favorito”, después de concluir su mandato, mismo que fue opacado por una estela de crímenes políticos y corrupción.
Y que podemos decir de Ernesto Zedillo y su cachorro Zedillo Velasco, y aun mas su hermano Rodolfo, el pariente incómodo que menos ha llamado la atención, pues ya concluido el sexenio de éste, fue acusado en la prensa del distrito federal de haber hecho muchos grandes negocios bajo el amparo del nepotismo presidencial.
Gerardo Reyes Gómez señala que Rodolfo, “para ser protegido por el gobierno zedillista, estableció su cuartel general en San Antonio, Texas, y desde allá, con esporádicas visitas a Guadalajara y a la ciudad de México, para lo cual utilizaba aviones de la Fuerza Aérea Mexicana, dirigió sus negocios a control remoto. Todo eso, remarca, no lo hubiera logrado si no hubiera recibido todo el apoyo logístico y de red de influencias y poder de los funcionarios de primer nivel”.
Y “La Historia del Zorro que llegó y se fue pal rancho”, que todos conocemos, dejando también una estela de nepotismo, e ingobernabilidad, ex mandatario que insiste en soñar que va pasar a la historia como “el mejor presidente de México”; pero mas bien, creo debe ser recordado como el presidente que sacó al PRI de Los Pinos, pero también como un mandatario pusilánime, mediocre, inepto como muchos de los ex presidentes que aún viven, Tuvo en su hermano José muchos disgustos al ser mencionado por la prensa como “pariente incómodo y beneficiario de las influencias del presidente”. Sin embargo, quienes fueron un auténtico dolor de cabeza en el caso de Fox fueron sus hijastros, los hijos de su esposa Marta, los hermanos Bribiesca Sahagún.
Los Políticos deben entender que ser Presidentes no es sinónimo de impunidad y que los ex presidentes, ex gobernadores y ex presidentes municipales “serán juzgados por la historia”.
El poder que es mal ejercido, aborta irregularidades, tanto en hombres como en mujeres, pues ni ellas escapan a las tentaciones de los favoritismos, algunas de ellas, con todo el cinismo de que son capaces y abusando del poder de sus cónyuges, quieren y a veces exigen, a través del favoritismo, postularse para las elecciones populares (como el caso logrado de algún gobierno estatal), y esto claramente es una deshonestidad política.
Y es precisamente esta falta de honestidad la que las o los inhabilita, (si se acatara el artículo 34 constitucional), donde se establece claramente que quienes no reúnan los requisitos de “tener un modo honesto de vivir”, carecen de la calidad de ciudadanos, sean, precisa: varones o mujeres.
Se debe impedir el nepotismo electoral y no solamente el político. Se debe legislar en todo lo concerniente al nepotismo en los cargos públicos, sean por elección, por designación, por nombramiento y por cualquier otro medio. Ya que de seguirse repitiendo el fenómeno nepotista, el ejercicio de los poderes, se convierte en “un botín de carácter familiar”.
Desde la Presidencia de la República hasta las alcaldías, pasando por las gubernaturas de los estados, los familiares incómodos han puesto en serios predicamentos a muchos políticos en México.
Y en el ámbito internacional ni que decir!, por ejemplo, el caso mas reciente
Paul Wolfowitz Presidente del Banco Mundial, asignó en breve lapso aumentos que llevaron el sueldo de Shahá Rizá (su novia), ¡hasta $16,130 dólares mensuales!. En fin….
El ejercicio del nepotismo es altamente perjudicial para la nación pues se encuentra en una contradicción con el principio democrático que establece que “todos los ciudadanos tienen derecho a los cargos públicos de acuerdo a su mérito y su capacidad”.
Todos los servidores públicos siempre tendrán la obligación de salvaguardar tanto la legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad como la eficiencia en el desempeño de sus cargos, empleos o comisiones. Esto se logra (en apariencia) cuando existe la suficiente transparencia en el manejo de los recursos públicos, tanto en los presupuestos como en los salarios de funcionarios.
En México, Lo que hoy necesitamos es la plena confianza de la ciudadanía hacia sus autoridades y servidores públicos, esta confianza los políticos autoridades y servidores públicos se la deben ganar con hechos, con un sano ejercicio del poder, con honestidad, con transparencia y cumplimiento de lo encomendado dejando atrás los viejos paradigmas de “si no es ahora entonces cuando”, o de “los años de Hidalgo”; demostrándole a la ciudadanía que sus familiares no tienen hambre y por consiguiente no es necesario incrustarlos en las nóminas del dinero del pueblo.
Se supone que todo cargo o empleo en la administración pública es para servir al Estado, y para servir a la sociedad… Lo ético en un servidor público es abstenerse de intervenir o participar en la selección, nombramiento, designación, contratación, promoción, suspensión, remoción, cese o sanción de cualquier servidor público, cuando tenga interés de carácter personal o familiar.
Por supuesto que el que busca beneficios para su familia buscará en todo momento el estar dentro del precepto legal; pero no deben olvidar que acatar la legalidad no significa en muchas de las veces hacer justicia, ya que en diversas ocasiones aún cuando consideremos que hacemos actos legales, estos no siempre son considerados justos por nuestra sociedad o por nuestra comunidad.
Y es ahí cuando el político comienza a perder…
Es urgente que la función pública sea convertida en una actividad digna en una actividad decorosa, que se sustente en el permanente fortalecimiento de los valores éticos esenciales en la noble acción de gobernar, para así lograr una comunidad más justa y digna.
El inicio de la lucha por el poder ha comenzado, y si usted es político, elija muy bien como quiere ser recordado…