La Condición humana… ¿del ser humano?
(Por Leopoldo S. Perales)
En sus escritos, Emmanuel Kant nos ilustraba sobre los aspectos esenciales de la vida del ser humano y se hacía tres preguntas concretas: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo esperar?, ¿qué debo hacer?, y las respuestas a esas interrogantes –decía- se podían encontrar, respectivamente, en la metafísica, la teología y la ética. Las tres cuestiones anteriores dependen, en gran medida, de una cuarta interrogante: ¿quién soy? Siendo la antropología básicamente, aunque no la única ciencia, que puede coadyuvar a dar respuesta a esta compleja pregunta; y aun no existe una respuesta que de plena satisfacción al “ser humano”.
Con frecuencia escuchamos conceptos acerca del hombre moderno como un ser civilizado, que a aprendido a vivir en sociedad, un ser humanizado, un ser que ha avanzado en sus ideales y en las tecnologías que le brindan satisfactores, un ser equilibrado, pero todos estos calificativos, parecen ser mas bien una ironía o un patético sarcasmo, pues si meditáramos un poco sobre todas las actitudes y bajezas que ocurren en nuestro entorno, nos invadiría una inmensa duda acerca de lo que realmente somos como humanidad.
¿Cómo podemos explicar, explicarle al mundo o a nuestros hijos los diarios aconteceres que prevalecen en todo el mundo y que son vergüenza de la humanidad?. ¿cómo justificar las salvajes golpizas que algunos de los “hombres” le dan a sus mujeres abusando de la superioridad física? (aunque a veces es a la inversa y no por ello irreprochable), ¿en qué rubro del humanismo podemos anotar a las mujeres que martirizan y torturan a los niños, a veces sus propios hijos?, ¿cómo justificar o explicar el porque de las muertes causadas por violencia doméstica?, ¿con que derecho se abusa de las mujeres dejándolas violadas, ultrajadas y denigradas y lo que es peor aun asesinadas salvajemente?.
Cuando reflexionamos ante estas situaciones, sin duda alguna nos invaden sentimientos de desconfianza y desamor, nos embarga un escepticismo puro hacia la naturaleza humana, nos invade la vergüenza y nos hace sentir que en pleno siglo XXI aun no hemos salido de las cavernas.
Si nosotros intentamos buscar dar o darnos una explicación a variados sucesos como por ejemplo: los Padres, ministros o sacerdotes pederastas, la reciente masacre de estudiantes en la Universidad de Virginia, en EE.UU., en la diaria masacre de ciudadanos de Irak y soldados de Estados Unidos, ¿cómo explicar las atrocidades causadas por el estallamiento de bombas producto del terrorismo internacional?,
¿Y que decir de los miles de minas terrestres sembradas en muchos países y que causan tantas muertes o en el mejor de los casos dejan a hombres mujeres niños y ancianos mutilados?, realmente no podemos encontrar razones lógicas que nos den pie a comprender las motivaciones que pueda tener el ser humano para ser inducido a cometer estas lamentables atrocidades.
Juan Pablo Fusi, al hablar sobre este malestar contemporáneo. Coincide con “una descripción realista, panorámica y fundada sobre el tiempo que nos toca vivir y cómo éste afecta a nuestras vidas”. Nos habla de la constatación de una acentuada desorientación existencial que domina en nuestro tiempo.
Por su parte, el filósofo José Antonio Marina al realizar una reflexión al respecto, habló de numerosos aspectos positivos de la especie humana como “la inteligencia, la ética, los sentimientos, la dignidad y la felicidad”. Señaló que –“la especie humana necesita «estar cómoda y crear para alcanzar la felicidad»”, definiendo este concepto como «la armoniosa satisfacción de nuestras dos grandes necesidades: estar cómodos, y crear o sentir que progresamos». Por ello «el ser humano necesita estabilizar su rumbo para alcanzar su objetivo o, de lo contrario, vamos a ir de tragedia en tragedia».
En esto, mucho tiene que ver la educación, la educación inicial, la que se lleva en la casa, donde se inculcan (o se deben inculcar) los valores, los principios morales, religiosos y éticos, mismos que permitan la apertura hacia un conocimiento, hacia una cultura, ya que ésta es precisamente como dice Ortega, “la que salva del naufragio vital, la que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o radical envilecimiento”.
Por lo cual, si reinterpretamos a Ortega en el siglo XXI, nos llevaría a entender que, entre otros, tenemos un grave problema de incultura global.
Para los que estamos convencidos de que es posible concebir el respeto a la vida humana en todos sus estadios con el desarrollo de los conocimientos que nos traiga el máximo bienestar posible, tenemos que hacer el enorme esfuerzo por señalar los caminos para que una sociedad se enfrente con las decisiones que necesariamente deba tomar y lo haga con el mejor conocimiento de las causas.
Para César Nombela Catedrático de la Universidad Complutense (Vida humana y progreso biomédico: un diálogo sobre valores), “las cuestiones fundamentales de nuestra vida, las que afectan a nuestra existencia como seres humanos, requieren ser pensadas y repensadas una y otra vez. Porque así lo exige el progreso del conocimiento, pero también la necesidad de reforzar todo lo que tiene valor”. Porque la trascendencia de la vida humana precisamente está en que aceptemos la pertenencia a una misma especie, una especie que ha construido un sistema de valores basado en el ser humano como fin.
Pero igualmente, si la persona representa un valor, solamente desde un sistema de principios y valores bien asentados desde el hogar, y practicados en cada acto de nuestra existencia, podrá el ser humano abordar la valoración ética de las posibilidades de intervención sobre la vida del ser humano mismo.
Es muy probable que la condición humana no nos permita ser de una forma diferente. Es posible que el ser humano se haya concedido demasiada importancia y trascendencia y, por ello, nos embarga la frustración cuando nuestro comportamiento no se ajusta a lo que realmente se espera del ser humano. Es muy probable que estemos condenados a naufragar una y otra vez en un mar de errores y dudas. Pero, a pesar de nuestra condición humana, o precisamente por esa condición, necesitamos seguir luchando para encontrar las ilusiones, las utopías, las esperanzas…y están precisamente ahí… en los valores.












