Hablemos de…Cometas…
(Por Leopoldo S. Perales)
Uno de los mas grandes tesoros que la vida nos proporciona es la capacidad para disfrutar de una agradable y amena lectura, indudablemente que no hay mayor tesoro que disfrutar, leer y conservar un buen libro, pues los libros poseen una magia muy especial que atrae la atención de los lectores, los cuales nos dejamos envolver por la misma y saboreamos con sumo deleite cada frase, cada oración o cada metáfora.
Son muchos y muy variados los escritores y literatos que hemos disfrutado desde nuestros años mozos, cada uno de ellos con un estilo muy propio para jugar con las palabras, nos dejaron infinidad de enseñanzas que forman parte de los recuerdos más agradables de nuestra infancia y juventud.
Samuel Langhorne Clemens mejor conocido por su pseudónimo literario de Mark Twain, fue uno de los grandes escritores y humoristas Norteamericanos que nos deleitaron con su prosa exquisita, llena de color y aventura, literatura obligada a disfrutar en aquellos tiempos de ausencia de nintendos, chats y sonidos mp3.
Mark Twain vivió como un cometa y dejó una enorme estela de obras literarias, entre sus obras mas destacadas, (cuando el murió tenía más de 500 Obras, muchas de ellas inéditas), puedo citar las siguientes:
La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras (1865)
Los inocentes en el extranjero (1869), libro de viajes satírico.
Las aventuras de Tom Sawyer (1876), novelización sobre algunos personajes de la infancia del autor en Hannibal.
Viejos tiempos en el Mississippi (1876)
Un vagabundo en el extranjero (1880)
Una aventura curiosa (1881)
Príncipe y mendigo (1882), novela histórica.
Vida en el Mississippi (1883), autobiográfica.
Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), considerada la primera novela moderna de la literatura norteamericana.
Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889), fantasía histórica que encubre una crítica a la sociedad contemporánea
Tom Sawyer a través del mundo (1894)
Cabeza hueca Wilson (1894), narración determinista cuyo fin es atacar la esclavitud.
Cuenta una anécdota que en una animada concurrencia, en cierta ocasión, una señora le preguntó:
-Señor Twain, ¿es conveniente tener muchos libros en casa?
Y Twain haciendo gala de su exquisito humorismo le contestó:
-Sí señora, ya lo creo.
¡Para mí es indispensable!.




