De Mi tía Carola y sus andanzas
(Por Leopoldo S. Perales).
18/10/2008
El amor nunca ha tenido edad… sólo prejuicios
A mi tía Carola también le sucedió algo muy semejante que a doña Clara, la tía del escéptico: ella recientemente cumplió setenta y un años, y nos anunció a todos sus sobrinos que el amor había llamado nuevamente a su puerta, y que estrenaba una relación de pareja que le acompañaba cotidianamente por doquier.
Su nuevo novio, el señor Herbert Vivanco, cuenta solamente con setenta y dos primaveras, pero eso sí bien vividas, es un distinguido caballero de paseos de alameda, de una basta cultura y charla muy amena, también el es viudo como mi tía Carola.
No hace demasiado tiempo que ellos se conocieron, pero todos sabemos que desde el primer momento en que se vieron quedaron prendados el uno del otro.
Me fascina sobremanera ver cuando se arregla mi tía Carola antes de salir, me gusta observar detenidamente como se maquilla y como pone especial cuidado en cada uno de los detalles, su esmero en la apariencia personal, cómo luce sus mejores galas, el brillo de su tierna mirada que hace sentir bien a cualquiera, su sincera y amplia sonrisa que embriaga, que contagia y ese garbo al caminar que no ha perdido jamás.
Es una gran señora, es una gran enseñanza, y es a la vez un gran aprendizaje, ella nos da a entender y nos demuestra, que las únicas limitaciones para el amor, son las que el mismo ser humano se impone.
Alice (la que ya no vive aquí) Así lo describió:
“El amor nunca ha tenido edad, sólo prejuicios. Cuando llega y te llena el corazón, y te devuelve ese brillo especial en los ojos, esas ganas, esa magia… no importan los años que tengas, sólo tienes alas y cosquillas que te hacen sonreír a manos llenas.
El amor nunca ha tenido edad, sólo prejuicios…y sólo espero tener la suerte de que el amor siempre vaya de mi mano, no importa el tiempo que pase, no importan los años que tenga… El amor nunca ha tenido edad, solo prejuicios…”.


